|

Suscribirme
Ingrese su email:

|
|
Rutas anteriores
Magnificat
Anselm Grün
Dios me concede graciosamente su misericordia.
Tiene consideración conmigo.
No me condena cuando me echo en cara tan despiadadamente mis propias faltas.
Él diluye mi arrogancia enfrentándome sin cesar con mi propia impotencia.
Destruye mi soberbia,
con la que me alzo por encima de los demás y acaricio mis ilusiones.
Derriba en mí de su trono al yo poderoso,
que quisiera asentarse firmemente en él y que me aísla de la vida real,
porque sólo piensa en sí mismo y en aferrarse a su trono.
Y honra la pobreza que hay en mí.
Lo que yo desearía ocultar a toda costa, es mi verdadero tesoro,
una fuente de creatividad y belleza.
Dios ensalza lo humilde que hay en mí.
Invierte lo que está más bajo y lo pone encima.
Allá donde yo me siento postrado, fracasado, impotente,
allí Dios me levanta.
Él ha trastocado por completo mis normas.
Me ha hecho un gran bien que Dios haya sacado a la vida algo que había en mí.
Obsequia generosamente con sus bienes, el hambre que hay en mí.
Sacia mi hambre de amor y de vida.
Pero allá donde yo pienso que soy rico,
donde yo creo que lo poseo todo,
allí me hace sentir que mis manos están vacías,
que no puedo vanagloriarme de nada.
Dios me acepta.
Aceptar significa "recoger y hacerse cargo de alguien que está caído",
"levantar y apoyar a alguien",
"adoptar y educar a una persona como hijo",
"tomar en sus manos a alguien".
Dios me ha levantado constantemente cuando yo estaba caído.
Me ha enderezado cuando yo dejaba que mi cuerpo se encorvase.
Me tomó en sus manos y me adoptó como hijo,
me aceptó sin condiciones, tal como soy.
Lo hizo así porque Dios piensa en su misericordia,
porque él se apiada de mí,
porque tiene un corazón para mí.
|