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Rutas anteriores
Quien se acerca a María se acerca a Jesús Ernesto Giobando sj Quien se acerca a María se acerca a Jesús. Ella nos abre la senda para llegar al corazón del Señor, así como abrió las puertas de su casa y de su alma para recibir el mensaje más importante para toda la humanidad: “Concebirás y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús” (Lc 1, 31). Este momento culminante pasa a ser el punto inicial de la Salvación prometida por Dios desde el pecado original. Aquí se da el encuentro más esperado: Dios se acerca al hombre, a la humanidad, por medio de la Mujer elegida para ser la Madre del Salvador. Y no podría ser de otra forma. Dios hubiese podido haber salvado de otras maneras: por un decreto, o por algún signo espectacular. Pero decidió salvarnos haciéndose criatura, llegando a nuestro mundo por medio de la humanidad recibida por la “llena de gracia”. Contemplar la Encarnación es poner los ojos del corazón en un Dios que no se desdice de lo que formó con sus manos y soplo con su Espíritu. Cada persona es valiosa a los ojos del Señor, aún si se encuentra perdida o caminado por la vida sin ningún sentido. Este misterio se transforma en camino. Caminar por la encarnación significa asumir todo lo humano, con sus luces y sombras, y darle plenitud de sentido trascendente. Caminar la encarnación significa “hacernos cargo” del hermano y de la hermana que sufren en sus corazones “dolores de parto”, ya sea porque necesitan descubrir el para qué de sus vidas, ya sea porque necesitan “alumbrar” en sus corazones algo nuevo, esa “criatura” que está escondida en lo profundo del ser y muchas veces ahogada por el aparecer. Pongamos los ojos en María, ella supo hacer carne suya la carne del Hijo de Dios, y hace suya la carne sufriente de la Iglesia, y caminemos por esta ruta que nos lleva al mismo Corazón del Señor. |