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Compartir una pasión

Catherine de Hueck Doherty

La Compasión… Me pregunto, ¿qué querrá decir? ¿Dónde me conducirá esta palabra?

Y me condujo a María.

Cuando empecé a darme cuenta de que estaba de camino hacia María, reflexioné sobre la palabra, pero volviéndome hacia ella, aplicándosela a ella. Compasión quiere decir compartir una pasión, compartir un sufrimiento, tomar parte en un sufrimiento, en una pasión. Cuando llegué cerca de María descansé a sus pies y me quedé mirándola y así comprendí lo que significaba la palabra compasión, quería decir: María.

María vino al mundo sin la marca del pecado original. Esto no quiere decir que no tuviera capacidad para elegir el bien o el mal a lo largo de su vida, sino que disfrutó bien y mucho de esta capacidad de elección; de otro modo su fiat no hubiera sido libre, no hubiera podido hacer su ofrenda y la hizo. Me di cuenta de que su vida con Jesús, vida que abrazó libremente, no debió ser fácil, porque no tenía bien asimilado el sentido de los acontecimientos de la vida de Jesús.

¿Qué significaba, por ejemplo, la respuesta que de niño le dio en el Templo? No, no siempre comprendió a la primera, pero conservaba todas las palabras de Jesús en su corazón, lo cual quiere decir que le amaba apasionadamente.

María permanecía en silencio, más aún, era el silencio, la calma, el recogimiento. No hablaba mucho, pues era por excelencia la que escuchaba y precisamente por esto podía conservar tantas palabras en su corazón. Era por excelencia la que escucha, la que suplica, la que calla. Era también la libre, la pura de corazón, por eso veía a Dios y siguió a Cristo en su pasión.

Pasión, en general, quiere decir sufrimiento. El amor y la pasión no solamente se dan la mano, sino que están enlazados. No hay amor sin sufrimiento y no hay sufrimiento sin amor.

María entró de lleno en este maridaje de la pasión y el amor que el Señor aceptó y a través del cual nos ha rescatado. Pura de corazón veía a Dios. Siguió a Jesús hasta el pie de la cruz. Su pasión fue una compasión. Compartió la pasión de su Hijo no sólo de una forma física sino también espiritual y emocionalmente.

María se transformó en Madre de los hombres y los hombres han comprendido que no pueden atravesar la vida sin Ella.