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Rutas anteriores
El Testamento de Jesús
Testamento
Dice el Señor:
Les dejo…
Mis sandalias.
Mis sandalias son de las personas que deseen tener pies de Discípulas.
Les dejo…
La palangana y la toalla con que les lavé los pies.
Son de las personas que deseen tener manos de Servidoras.
Les dejo…
El plato donde he partido el pan.
Es de las personas que deseen vivir en comunidad fraterna.
Les dejo…
El cáliz donde convertí el vino en mi sangre, antes de derramarla.
Mi caliz es de los que deseen beber conmigo las amarguras de la desolación –la hiel y el vinagre de la cruz- y los gozos de la consolación –el vino alegre de Caná y de la Eucaristía-.
Les dejo …
Mi túnica… tejida con cariño por mi Madre, pero común e igual a la de los demás.
Es de todo aquella persona que quiera vestir hábito, el hábito que la iguala a sus compañeros y compañeras de vida religiosa.
Les dejo, por fin, mi Cruz.
Es una Cruz ya usada. La sentirán más cómoda que las propias, se los aseguro.
Porque es la Cruz que no pesa sino que sostiene al que se anima a abrazarla.
Va con los clavos y la lanza.
Ojo, que no son para que se los claven ustedes.
Quedaron a medida para mis llagas.
Son para los que quieran recordar en toda herida, las mías ya resucitadas.
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